¿Qué lenguaje hablan las nuevas infancias?
Los niños tienen, en cada momento histórico, características que los vinculan a nivel global. Las nuevas infancias comparten, en este sentido, algunos rasgos relacionados con su modo de comunicarse y la manera en que procesan la información: los lenguajes audiovisuales son sus lenguajes. No pasar por alto esta cuestión es un modo de colaborar para que se ensanchen las vías de comunicación entre docentes y alumnos.
Es inacabable el debate respecto de cuánto incide el contexto en la conformación del ser humano. Para saberlo, había que definir qué se entiende por contexto –¿la familia, el aspecto político-estatal, la educación formal?– y a qué aspecto de “la persona” –¿como un ente universal?– se supone que afecta.
Pero más allá de este difícil interrogante, se puede operar un recorte concreto y hablar de un fenómeno en particular: los niños no son siempre iguales, ni en todos los tiempos ni en todos los lugares. Más aún, como consecuencia de los avances tecnológicos –rasgo del mundo en el que viven, un aspecto del contexto en el que nacen y crecen actualmente– los niños hoy tienen una serie de características en común, que los conectan más allá de sus diferencias puntuales. Entre esos puntos en común, la importancia de la imagen en sus formas de comunicación y ciertos nuevos lenguajes, predilectos a la hora de expresarse.
Para educar a los alumnos de la escuela primaria, como en toda práctica educativa, es necesario conocerlos. Conocerlos implica estar en contacto con su mundo, con sus lenguajes y con sus vías y sus modalidades de expresión.
La palabra visual de los chicos
Uno de los lenguajes que hablan hoy las nuevas infancias es el de la imagen: la fotografía y el cine son nuevos espacios de expresión para los chicos.
El proyecto “Con los dedos”, llevado adelante por el Taller de Cine El Mate –la primera escuela de cine infantil y juvenil dependiente de la Dirección de Educación de la Municipalidad de Vicente López– es un testimonio, entre otros, de la habilidad de los niños para producir contenidos visuales. Como resultado del proyecto, 1000 chicos de entre 8 y 11 años de las escuelas públicas de Vicente López –en la provincia de Buenos Aires– realizaron fotos, textos y piezas breves en video que permanecen expuestas en un blog. La consigna fue que los chicos se expresaran acerca de distintos temas, enunciados como tener amigos, la familia, pasarla bien, esto tiene que cambiar, la libertad, u otros elegidos por iniciativa propia. Los alumnos de las escuelas bonaerenses elaboraron sus ideas, las escribieron, y luego las representaron. Para representar las ideas visualmente, usaron sus propias manos y dedos y hubo una cámara a su disposición durante dos jornadas de taller con cada grupo.
Tal vez no sea imposible pensar en integrar experiencias de este tipo a la práctica cotidiana del trabajo educativo que los docentes realizan en las escuelas. Tal vez, incluso, incorporar estas nuevas habilidades de los niños, aprovechar el potencial expresivo que tienen cuando se apropian de estos lenguajes sea una tarea productiva y enriquecedora. Incluso podemos arriesgar que desconocer este hecho y educar como si el contexto no incidiese sobre los modos de expresión y manipulación de la información de los chicos resultará un elemento obturador de la circulación del conocimiento.
Sin temores a enfrentar las herramientas tecnológicas que requieren la fotografía y el cine –miedo que podría experimentar algún adulto que decide un día, de buenas a primeras, adentrarse en este mundo de imágenes, sonidos y movimiento–, los niños viven hoy con naturalidad la producción de contenidos en formato audiovisual. Quienes tienen hasta 13 años, aproximadamente, nacieron y crecieron en un contexto de hiperestimulación por parte de los medios audiovisuales, en contacto permanente con la programación televisiva y los estrenos cinematográficos; los niños de hoy son en muchos casos, además, expertos cazadores de videos en la red digital, o el menos tienen su propio espacio virtual para la publicación de fotografías personales, como los fotologs o “flogs”. En paralelo, los formatos que tradicionalmente se centraban en el texto, ceden actualmente cada vez más espacio a la imagen como punto de condensación de sentidos, en detrimento de la palabra.
Seguramente por eso, hoy existen espacios para que los chicos se expresen mediante este lenguaje. Prueba de ello son los festivales de cine infantil y juvenil, no porque traten sus temáticas o los tengan como destinatarios predilectos –lo que también sucede, pero es parte de otro fenómeno conexo: el de la constitución del niño como sujeto de consumo–, sino porque los convocan en tanto productores de contenidos.
Ejemplo de estas interesantes propuestas son el conjunto de iniciativas de CEFOCINE, una organización cuyo objetivo es que los “niños, niñas y jóvenes se reconozcan como sujetos capaces de crear, participar y gestionar sus propios procesos de aprendizaje”. Esta organización realizó el festival “Juguemos a hacer una película”, que se desarrolló durante el mes de abril de 2007 en Bogotá y que tuvo como resultado la presentación de 33 videos realizados por niños y adolescentes. Para este año se prevé que Buenos Aires sea, durante el mes de septiembre, sede de un nuevo festival de cine y programas de televisión para y hechos por chicos, el 7º Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud.
En la misma línea –y apostando también a la capacidad de comunicación que tienen los niños– España inauguró Teleclip, un canal de televisión que se emite por internet y que trasmite clips informativos realizados por chicos. “La televisión actual y el interés de los niños se alejan. Para contrarrestarlo, una de las soluciones pasa por llegar a ellos a través de otra plataforma, internet. Teleclip ha tomado ese camino para crear un canal pionero hecho por y para la infancia”, señala un artículo de elmundo.es, publicado a fines del año pasado. El proyecto conjuga simultáneamente una propuesta educativa (la formación de los chicos en cuanto a la tarea periodística y el manejo de las herramientas para el armado de los videos) y otra estrictamente comunicativa, dado que se propone como un puente entre los niños de habla hispana.
Observar qué nuevos espacios de expresión están ocupando hoy los alumnos de la escuela primaria es un modo de empezar a ponernos en contacto con sus –también nuevos– modos de expresión. Es evidente, en este sentido, que la fotografía y el video son dos de los formatos preferidos por los chicos. Incorporarlos al ámbito educativo puede llegar a ser un modo de reorientar la tarea docente. Las experiencias existentes parecen indicar que hacerlo no será en vano.
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Autor: Cecilia Serpa
27-03-2008
miércoles, 1 de julio de 2009
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